dilluns, 13 de desembre de 2010

La Saga El Cirque du Freak

                                 
Aquellos seis años habían sido estupendos. Me convertí en un artista habitual del Cirque, actuando con Madam Octa (la araña venenosa de Mr. Crepsley) cada noche, asombrando y aterrorizando al público. Aprendí también unos cuantos trucos mágicos, que introduje en nuestro número. Me llevaba bien con todos los miembros del Cirque. Me acostumbré a aquel estilo de vida errante, y había sido una buena época.

Ahora, tras seis años de estabilidad, teníamos que emprender otro viaje hacia lo desconocido. Sabía algo acerca del Consejo y la Montaña de los Vampiros. Los vampiros estaban regidos por unos soldados llamados Generales Vampiros, que se aseguraban de que se cumplieran sus leyes. Ejecutaban a los vampiros locos o malvados y mantenían a raya al resto de los no muertos. Mr. Crepsley había sido un General Vampiro, pero renunció mucho tiempo atrás, por razones que nunca había revelado.

Una vez cada cierto tiempo (ahora sabía que era cada doce años), los Generales se reunían en una fortaleza secreta para discutir sobre lo que quiera que fuese que esas criaturas nocturnas bebedoras de sangre discutían cuando estaban juntas. No acudían solamente los Generales (había oído que los vampiros corrientes también podían ir), pero la mayoría lo eran. Yo no sabía dónde estaba esa fortaleza, ni cómo se iba hasta allí, ni por qué tenía que presentarme ante el Consejo… ¡pero lo iba a descubrir!.